viernes, 26 de noviembre de 2010

Estación terminal


El creyó que podrían haber sido buenos amigos, pero ya no había posibilidad alguna.
Agustín se llamaba el chico que encontró esa mañana, aplastado por ruedas oxidadas, sobre los rieles (no se si más o menos oxidados que las ruedas).
Su cara quedó irreconocible, hasta la gran sonrisa que llevaba se la voló el impacto de ese vagón. Fue como que arrasó con todo, literalmente: los problemas, la vida, la chica con la que pinchó esa mañana en la estación un momento antes del "accidente", la infancia de niños traumados, el cuchicheo feliz de la señora Inés, todo...
Volvió a verlo en las noticias... la prensa se encargo de hacer publica su vida, su enfermedad, lo que le atormentaba y se empeñaba en guardar... el llanto inútil pero necesario de su madre adoptiva, su adicción, era un tipo complicado. Allí fue cuando dejo de creer, y supo, que podrían haber sido buenos amigos...
Carlos aún piensa en ir a buscarlo para charlar, entre los rieles del metro, y comentarle que no se explica por qué, asesinó a quien pudo ser un gran amigo...

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